15 dic. 2012

INOLVIDABLES: “NORMAS DE CORTESÍA” de Amor Towles

—Bon appétit

El bostoniano Amor Towles afincado en Manhattan ha escrito la espléndida novela ‘Normas de cortesía’ publicada por Salamandra. ‘Normas de cortesía’ es uno de esos títulos que se esconden tras otros que van acompañados de bombo y platillo, y si el lector tiene la suerte o el acierto de entre las decenas de libros decantarse sin saber muy bien por qué por ‘Normas de cortesía’ habrá hecho una de las mejores elecciones de su vida como lector. Pues ‘Normas de cortesía’ resulta ser una grata sorpresa, tan chocante como el nombre de su autor. Las páginas de esta novela nos devuelven la magia de la lectura por la novelas que tienen ese algo que te atrapa de tan bien construidas y narradas como están.
‘Normas de cortesía’ se divide en seis partes: un prólogo, cuatro largos capítulos cada uno correspondiente a la estación del año y un epílogo.

En el prólogo, Kate, la fascinante protagonista de ‘Normas de cortesía’ se reencuentra en una exposición fotográfica con dos retratos de un viejo conocido: Tinker Gray. Ese reencuentro fortuito hace que rememore los tiempos en los que compartió los días con él, junto a Eve su amiga del alma, allá por 1937 y 1938, y su importancia ya que en esos años se fraguó el carácter de Kate, o más bien, se fortaleció y se perfiló.

Katey Kontent, es una mujer neoyorkina de clase obrera que intenta con el pragmatismo americano ascender o vivir mejor de lo que el destino le deparaba de cuna. Es ese pragmatismo; su autocontrol; su austeridad a la hora de sentir, elegir y darse caprichos, algo que otros podrían tachar de frivolidad, lo que convierte a este personaje en una protagonista fascinante, que aprende a moverse como pez en el agua, por unos ambientes donde nada es lo que parece, donde todo el mundo se aferra a una normas de cortesía, pero Kate descubre que escudándose en esas mismas normas muchos dejan de lado los escrúpulos o un ápice de conciencia o moral.

La resolución de Kate; su pragmatismo; lo fascinante de su forma de ser; las descripciones del Manhattan de aquellos años; su amor por la lectura; y el ritmo, encuentros y desencuentros que pueblan la novela entre barrios obreros, jazz, glamour, hoteles, choferes con levita, y unas ciertas ganas de vivir locas, como si cada día fuese el último, como si nada importase demasiado, hacen de ‘Normas de cortesía’ un excelente título que les apetecerá ya no leer sino también releer. Pues es sin ninguna duda una de las mejores novelas que he leído a lo largo de mi vida como lectora. Por tanto: Bon appétit.

© MARÍA AIXA SANZ